Cómo afrontar la vuelta a la rutina.
La vuelta a la rutina diaria tras las vacaciones genera un alto nivel de estrés que en algunas personas puede derivar en enfermedad.
El estrés postvacacional es en realidad un concepto muy amplio que describe una incapacidad de adaptación al trabajo tras el final de las vacaciones. Esta inadaptación implica una serie de síntomas que se traducen en desequilibrios físico-psíquicos que suelen remitir al cabo de dos semanas como mucho. En mayor o menor medida casi todos los trabajadores, estudiantes y amas de casa lo han sufrido alguna vez en su vida. ¿Quién no ha experimentado la sensación de desgana por volver a la rutina diaria? Muy pocos son los que se libran. Sin embargo la patología asociada al síndrome postvacacional en sus estados más avanzados conlleva unas alteraciones físicas y mentales mucho más preocupantes que la simple apatía y la pereza.
No sólo trabajadores
Como ya hemos mencionado, el síndrome postvacacional suele afectar a personas jóvenes que experimentan una ruptura brusca en su ritmo de vida al incorporarse al trabajo sin ningún tipo de transición. El problema suele agudizarse entre aquellos que tienden a idealizar las vacaciones y entre los profesionales quemados por su trabajo (Síndrome de Burn-out). Pero hay más colectivos afectados.
Uno muy propenso es el de las amas de casa, que se enfrentan a la sobrecarga de trabajo que supone la vuelta de vacaciones (la limpieza de la casa, la cesta de la compra, etc.…) generalmente a solas, ya que la familia ni las apoya ni las comprende.
Otro grupo vulnerable a este trastorno es el de los niños. Para ellos el cambio también es muy brusco, sobre todo por lo que les espera: seis horas diarias de clases durante nueve meses sometidos a un nivel considerable de estrés.
El desajuste horario, el cambio en el ritmo diario y en los ciclos, en las comidas y, sobre todo, en nuestra actividad social relacional pueden ser algunas de las causas desencadenantes del estrés. Si a ello le sumamos el regreso al entrono laboral, lleno de demandas y exigencias, y a un ritmo que nos hace cambiar bruscamente nuestros hábitos de las últimas semanas, tenemos muchas posibilidades de ser víctimas del síndrome postvacacional.
No nos afecta de igual manera a todos porque debemos tener en cuanta que, además de la variable del entorno, existe otro componente más importante aún: la personalidad del individuo. El regreso a la rutina puede encararse con actitud positiva o negativa: si no queremos empeorar las cosas, debemos ser positivos.
LA OPINIÓN DEL EXPERTO
Si te sientes bien en tu trabajo el regreso a la rutina va a ser simplemente reanudar una labor cotidiana después de haber descansado haciendo otras cosas diferentes durante un tiempo; es lo que llamamos vacaciones.
En ese caso simplemente hay que poner una chispa de creatividad, de ganas de mejorar y de positividad en todo lo que hacemos cada día, pero sobre todo, después de ese descanso. Di no a la ruina y procura vivir el presente de una manera consciente, responsable, calmada y divertida porque una cosa no está reñida con la otra.
Es cierto que los primeros días tendrás un cierto despiste, el tiempo que tarde en ir haciéndote con todo de nuevo, arreglando, ordenando, preguntando cosas… Pero, como se supone que estamos descansados, no hay problema.
Es bueno que durante los primeros días realices una especie de continuación de actividades de la rutina vacacional como ir a tomar un café, al cine, a una terraza, es decir tener un rato agradable para despistar a la mente de la tarea del día y relajarse física y psicológicamente. Así la incorporación al trabajo se hace más amena. Siempre que sea posible, se debería mantener esta pauta el resto de los días del año.
Muy diferente es cuando la vuelta te causa un enorme disgusto por algún motivo, justificado o no, ya que en este caso todo será mucho más difícil y costoso, y el regreso se hará muy cuesta arriba. En primer lugar habría que ver el por qué y poner solución al conflicto, pues en caso contrario ese poso será cada vez más grande y podría llegar a provocar una depresión u otro tipo de dolencia mental, emocional o física. Cuando estamos tan incómodos con nuestras tareas diarias las vacaciones pueden haber sido más una huida que un verdadero descanso.
El regreso en estas circunstancias será más pesado y denso, pudiendo provocar un bloqueo psíquico – mental – emocional, dependiendo del grado de la dificultad o impedimento del conflicto.
Estos estados provocarán menos rendimiento y concentración, escasa positividad, pesimismo, rabia y agresividad, frustración, baja atención, incapacidad de decisión, menor fluidez verbal y de pensamiento, dolor físico y psicológico… y más gasto de adrenalina, produciéndose la entrada de crisol en sangre y un desgaste también de sustancias necesarias para el día a día como son las serotoninas (relax), las endorfinas (vitalidad), las encefalinas (anti – inflamatorias y anti – infecciosas), la melatonina (descanso y rejuvenecimiento) y otras muchas, lo que provocará un desajuste general, que trae consigo un sistema inmune bajo, y por tanto, mayor vulnerabilidad ante cualquier tipo de virus, bacteria o enfermedad.
Estar bien con la vida y con uno mismo es primordial para tener una óptima calidad de vida. El saber enfrentarse a las diferentes situaciones cotidianas, con mayor o menos esfuerzo, es un aprendizaje que a la vez, nos va a dar pautas para seguir creciendo.
MARÍA JOSÉ DOMÍNGUEZ DÍAZ
Psicóloga de la Fundación PSIME
* Articulo publicado en la Revista VIVIR MEJOR
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