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VIOLENCIA Y MIEDO: UN ESTADO DE INSEGURIDAD Imprimir E-Mail
VIOLENCIA Y MIEDO: UN ESTADO DE INSEGURIDAD  

La violencia no es una actuación que se pueda aplaudir. La violencia duele, duele en los más profundo, porque no solamente es física sino que además también es psicológica o solamente esta última, y hay que saber que más del 80% del dolor es emocional, los sentimientos están heridos, y la herida duele más. Cuando el dolor es sólo psicológico, puede llegar a plasmarse en el cuerpo físico, en lo orgánico, provocando una somatización.   

La violencia es detestable, toda clase de violencia, pero aún más la de la mujer por aquello del símbolo de la maternidad y el poder crear vida. Su gestación es divina y majestuosa, maravillosa, y sin la mujer qué podríamos hacer. El mundo se pararía.
  

Todo tipo de violencia: de hombre a mujer, de mujer a hombre, de padres a hijos, de hijos a padres, de alumnos a profesores, de profesores a alumnos, entre parientes, amigos, compañeros, vecinos… es deleznable y aunque la mujer sea núcleo, qué haríamos sin el hombre.
  

Debemos cuidar a la mujer, debemos cuidarnos todos.
  

Nuestra valoración es la Educación Integral para un Equilibrio Emocional, y en ello implica una buena enseñanza de base, donde hombre y mujer como individuos, como personas puedan obtener unas correctas y positivas reglas, códigos sanos y responsables para poder crecer y actuar en unísono a la vez. 
  

¿Por qué éste comportamiento? 
  

Podríamos decir que la violencia es una descarga agresiva y una explosión de rabia, ira y odio contenido en el inconsciente, y de falta de comprensión en todos sus aspectos, con una respuesta biológica negativa del sistema nervioso vegetativo simpático unida al bloqueo mental, que al estar frustrada su actuación, su pensar o sus sentimientos en la persona por alguna causa pasada, necesita salir fuera para fluir y expandir su represión, sus miedos, sus culpas y su desencantamiento, pero esto se hace de manera negativa y densa, haciendo siempre daño al otro, al entorno y así mismo, por falta de métodos correctos, adecuados y precisos en la enseñanza y crecimiento en la adolescencia, en la infancia e incluso por distorsión genética.
 

La carencia de afecto en la infancia, puede ser también uno de los puntos a tener muy en cuenta como desenlace de la violencia. 
  

Como conclusión decir, que la violencia se aprende desde el nacimiento. 
  

Aprendamos a ser adultos y seamos maduros hoy y mañana.   

NO A LA VIOLENCIA DE GÉNERO, NO A TODA CLASE DE VIOLENCIA
   

                                                                                   María José Domínguez Díaz
                                                                        Presidenta de la Fundación PSIME